Clementina, una computadora modelo Mercury de la compañía británica Ferranti, comenzó a funcionar el 15 de mayo de 1961, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Más precisamente en el Pabellón 1 de Ciudad Universitaria, sede actual de los departamentos de Computación, Matemática y Física. El curioso apodo de la computadora tuvo su origen en que al finalizar un cálculo la computadora ejecutaba un sonido con los primeros acordes de la canción popular “Oh My Darling’ Clementine”.

¿Cómo se logró instalar Clementina en el país? En particular, el trabajo de Manuel Sadosky y de otros referentes, como Rolando García y Rebeca Cherep de Guber, sentó las bases para la creación y desarrollo del prestigioso Instituto de Cálculo (IC): la computadora adquirida en 1958 tras la correspondiente licitación, la Mercury de Ferranti, compañía ubicada en Manchester, llegó al puerto de Buenos Aires el 24 de noviembre de 1960, y el 7 de diciembre al Pabellón I (por aquel entonces en construcción) de la Ciudad Universitaria. Luego de unas cuantas pruebas, dieron comienzo al uso de la computadora (con un curso de entrenamiento) y las actividades del IC, bajo cuya égida estaba la legendaria Clementina.

Rebeca Cherep de Guber

La gestión de Rebeca Cherep de Guber fue fundamental, asumiendo en 1960 al frente de la Secretaría Técnica del flamante Instituto de Cálculo. Guber nació el 2 de junio de 1926 en la Provincia de Buenos Aires y falleció el 25 de agosto de 2020 en la Ciudad de Buenos Aires. Doctora en Matemáticas y docente universitaria, es coautora del libro “Elementos de Cálculo Diferencial e Integral”. Su rol operativo para la concreción de proyectos del IC fue clave y junto a Sadosky participó en 1963 de la creación de la Carrera de Computador Científico, la primera del país y de Latinoamérica (ver nota de homenaje del DC).

Tal como mencionó Ana Cristina Zoltán, computadora científica de Exactas y programadora de aquella época, “la gestión de Rebeca en el instituto siempre ha tenido mi admiración. Su apoyo y empuje a los proyectos del Instituto fue notable. En particular al proyecto de Wilfred Durán de hacer un lenguaje de programación que pudiera facilitar la programación de los modelos desarrollados en el grupo de Oscar Varsavsky. Se ocupó personalmente de apoyar el proyecto (COMIC), que tenía visos de quijotada ya que para ese momento IBM desarrollaba FORTRAN con la participación de 1000 programadores y en el Instituto se desarrollaba un lenguaje con más facilidades con un equipo de 5 integrantes”.

Para saber más sobre la destacada trayectoria de Guber, recomendamos esta nota del DC.

No caben dudas de que el trabajo de esa generación pionera de Clementina y el IC, marcó un antes

Pioneros y pioneras del Instituto de Cálculo

y un después en la Computación argentina. Desde la perspectiva de Pablo Jacovkis – destacado historiador de la Computación argentina, ex Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y actual Secretario de Investigación y Desarrollo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero- dicha generación tuvo una enorme importancia. “Fueron referentes que trabajaron como pioneros en docencia e investigación en actividades relacionadas con la computación, o bien fueron de los primeros que usaron profesionalmente las herramientas computacionales de que se dispuso a partir de la primera computadora científica, o apoyaron en sus empresas su uso (y luego transmitieron su entusiasmo a otros profesionales en la actividad pública o privada), o bien tuvieron actividad relevante en la función pública, en la cual su experiencia pionera en computación les fue extremadamente útil para su visión moderna de la gestión”, detalló.

Programadoras notables

Cecilia Berdichevsky

En lo que hace a la programación de Clementina, Cecilia Berdichevsky fue su primera programadora. Berdichevsky nació en Polonia el 31 de marzo de 1925, creció en Argentina (y se nacionalizó argentina) y murió el 27 de febrero de 2010 en este país. Estudió Matemáticas y, cuando se instaló la computadora Clementina, se capacitó con la programadora inglesa Cicely Popplewell (famosa por haber trabajado con Alan Turing) y también con el matemático español Ernesto García Camarero. Además de Berdichevsky, el grupo liderado por Sadosky-Guber, que inició el proyecto en 1960, estuvo conformado por Alicia de Marval, Violna Eandi y María Rosa Pistol de Pignotti. Más tarde, se agregaría García Camarero.

Vale la pena recordar que a comienzos de 1961, también en Buenos Aires (en la planta baja del edificio ubicado en Diagonal Norte al 900), se instaló la primera IBM 1401, que fue elegida por numerosas empresas del país, tanto del ámbito privado como del público, que la utilizaban para aplicaciones administrativas y comerciales.

Liana Lew

Con el simple objetivo de recuperar algunos de los testimonios y vivencias de la época, el DC pudo conversar con Liana Lew y Noemi García. Al respecto, Liana Lew -computadora científica, programadora pionera del IC y una de las cuatro que trabajó en el desarrollo del compilador COMIC- se refiere a Berdichevsky como una de las inspiradoras de su trabajo. “Cecilia Berdichevsky era una gran docente, fue profesora titular de Cálculo Numérico I, la primera materia con orientación computacional. Ella nos capacitó en el uso de herramientas aplicadas y considero que junto a Rebeca Guber, inició en Exactas el grupo de mujeres en informática”. Lew es una de las primeras graduadas de Computador Científico. Se recibió el 29 de julio de 1966 -fecha de la triste Noche de los Bastones Largos producto de la dictadura encabezada por Onganía- junto a Noemí García, pionera del IC quien participó en el desarrollo del lenguaje COMIC, proyecto liderado por Wilfred Durán.

Fue importante la influencia de docentes y alumnos que provenían de empresas privadas. Entre algunas mujeres, estuvo por ejemplo Norma Lijtmaer que trabajó en IBM y otras referentes de empresas como Univac, Bull o Burroughs. Influyeron no sólo en el aprendizaje de uso de las computadoras en áreas comerciales sino también en temas de programación. Nos ayudaron a conocer la tarea de las primeras programadoras (Ada Lovelace, Grace Hooper, Jean Bartik, etc.). Esto definitivamente hizo que se rompiera el estereotipo de que la Computación era solo cosa de hombres”, puntualizó Lew en un reciente diálogo con el DC.

Noemí García

En tanto que Noemí García (conocida como Mimi), fue compañera de estudios y colega de trabajos en el Instituto de Cálculo de Liana Lew, con quien mantiene en la actualidad una estrecha amistad. Al mismo tiempo, las une el sentido de pertenencia al proyecto fundacional de la Computación en Exactas. Apenas Liana y élla aprobaron la materia Programación con Wilfred Durán, él les ofreció trabajar en el Instituto del Cálculo, algo que aceptaron encantadas, porque trabajarían con el equipo de Economía Matemática liderado por Oscar Varsavsky. Posteriormente, Noemí formó parte del grupo de programadoras que desarrolló con éxito el compilador COMIC. En ese momento, se necesitaba diseñar y escribir un lenguaje eficiente para la Mercury de Ferranti y proyectar su respectivo compilador, que permitiera programar trabajos más complicados que los cómodamente factibles con las facilidades pre-existentes.

Comencé a trabajar, junto con Liana Lew, como programadora en el Instituto de Cálculo en el grupo de Estadística de las licenciadas Violna Eandi y Walquiria Primo. Y posteriormente trabajé en el grupo de Economía Matemática de Oscar Varsavsky. Ambas experiencias fueron sumamente muy enriquecedoras por la calidad de las personas involucradas. Este grupo necesitaba un nuevo lenguaje más amigable que el Autocoder y el proyecto del nuevo lenguaje que se llamó COMIC (Compilador Instituto de Cálculo), fue desarrollado e implementado en su totalidad por el grupo liderado por el profesor Wilfred Durán e integrado por Clarisa Cortes, Cristina Zoltán, Liana Lew y yo”, destacó García.

Claro que en este proceso de despegue de la computación académica argentina y latinoamericana, sería injusto no nombrar a otras programadoras pioneras rioplatenses; profesionales que por su protagonismo y relevancia han sido reconocidas en la comunidad por sus pares. En esa lista -que no es exhaustiva ya que la lista de mujeres que merecen el título de “pioneras” en realidad sería mucho más extensa- se incluye a 4 mujeres más:

Victoria Bajar (Buenos Aires, Argentina, 06/07/1942 – 04/04/2016): integrante del Grupo de Lingüística Computacional del IC, aprendió a programar Autocode con Ernesto García Camarero como profesor y fue la primera Computadora Científica del país, recibida el 30 de julio de 1964.

Gladys Rizzo (Avellaneda, Argentina, 16/03/1930): matemática de la Facultad de Ciencias Exactas, fue alumna de los cursos sobre la Mercury dictados por Cicely Popplewell como también de los cursos sobre la IBM 650 dictados por Gustavo Pollitzer. Se destacó enormemente en la empresa IBM, con la característica de ser por años la única mujer entre todos los profesionales, con el puesto de Ingeniera de Sistemas.

Ida Bianchi (Gallarate, Italia, 23/09/1937, adquirió la ciudadanía argentina en 1953): fue la primera mujer incorporada como Analista en Burroughs Argentina, prestando servicios durante 18 años. Previamente adquirió experiencia como programadora en el sector bancario, realizó cursos en IBM 1401 y trabajó como analista en Molinos Río de la Plata.

Ida Holz (Montevideo, Uruguay, 30/01/1935). A principios de los años 70, formó parte de las primeras generaciones de estudiantes en computación uruguayos, formados por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. Desde la dirección del Servicio Central de Informática de la Universidad de la República (SECIU)—posición que asumió en 1986— lideró desde principios de los 90 el desarrollo de Internet en Uruguay. En 2013 fue la primera personalidad latinoamericana en ingresar al Salón de la Fama de la Internet Society.

Para más información sobre este tema, se puede leer la reseña escrita por Carlos Tomassino y Hernán Huergo.

Un final nada feliz

El 29 de julio de 1966, la dictadura encabezada por el General Juan Carlos Onganía decidió desalojar distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires y reprimir a las autoridades, los profesores y alumnos que reclamaban en defensa de la autonomía universitaria. Como consecuencia de ello, más de 700 académicos fueron obligados a abandonar sus puestos de trabajo y, muchos de ellos, se exiliaron en el exterior.

En este aspecto, Jacovkis remarcó que a la vez de observar la enorme importancia de esta generación pionera de la Computación, se podría imaginar cuán significativa habría podido llegar a ser si el golpe militar de 1966 no hubiera interrumpido o frenado durante casi dos décadas el desarrollo en los centros académicos donde había comenzado. “Si bien el avance en informática no se paralizó totalmente, la restauración democrática nos encontró muy atrasados en materia computacional respecto de lo que hubiera podido ser sin ese golpe, y es interesante observar que varios de los protagonistas de la época pionera fueron los que motorizaron el “renacimiento computacional” a partir de dicha restauración democrática”.

Resulta imprescindible desmitificar una falsa creencia o noticia que llegó a circular por medios masivos de información: Clementina no se desmanteló ni rompió a bastonazos en la Noche de los Bastones Largos, valga la redundancia, sino que siguió funcionando hasta 1970. Tal es así que en el capítulo “Continuidad formal y ruptura real: la segunda vida de Clementina” de Raul Carnota y Mirta O. Pérez, que forma parte del libro “Historia de la Informática en Latinoamérica y el Caribe: investigaciones y testimonios” (Jorge Aguirre y Raúl Carnota) ya se había aclarado este punto. En el año 1970, Clementina fue apagada por falta de repuestos y porque ya era un elemento obsoleto. Aún así entre los documentos y textos formales de Rolando García, aparecen algunos argumentos que muestran que para mediados de 1965 ya se estaba pensando en reemplazar a Clementina por una computadora moderna. Además había planes para fortalecer los grupos de investigación y las carreras de grado. Tal como indican Carnota y Pérez en su estudio, lo penoso del fin de Clementina no lo da tanto un hecho brutal que le diera un fin violento, sino justamente la muerte por falta de los líderes y recursos humanos que la habían comprado, instalado y generado el proyecto académico que le daba sentido. Ver más en el artículo de Jorge Aliaga.

Adenda: Representación femenina en carreras de informática, contrastes entre pasado y presente.

En la Argentina las mujeres representan tan sólo un 18% del estudiantado de las carreras informáticas. Sin embargo, cuando se creó la carrera de Computador Científico en Exactas-UBA, a comienzos de la década de 1960, que hizo eclosión acompañando a la generación de Clementina y el IC, las estudiantes alcanzaron el 75% del alumnado. Pero en la década de 1980, ese predominio comenzó a disminuir. ¿Cuáles son las razones?

Desde hace algunos años, integrantes de la Fundación Sadosky y de la ONG Chicas en Tecnología, vienen estudiando este tema. Por un lado, a través de encuestas en la escuela media pública, la Fundación Sadosky indagó que las representaciones que alejan a las mujeres de la informática se hallan en buena medida ya estabilizadas en la adolescencia, tanto en los varones como en las mujeres. De ese modo, las mujeres en general no se percibían estudiando informática o desarrollando su profesión en esa área. Por otro lado, Chicas en Tecnología presentó datos estadísticos sobre carreras en programación. Seleccionaron 73 títulos de grado y pregrado, accediendo a la información de 81 universidades de Argentina, en un lapso de 2010 a 2015, para averiguar el número de inscriptas y egresadas. Los datos, que pueden consultarse en la base de datos Mujeres programadoras, arrojaron que las mujeres eran sólo el 16% de los nuevos inscriptos en carreras de programación y afines, y que en las 15 universidades más grandes del país, no superan el 17%. La situación se replica, en mayor o menor medida en todo el mundo. De acuerdo con el informe “Mujeres en la era digital”, de la Comisión Europea, sólo el 24% de las mujeres egresadas del nivel terciario tiene un título vinculado a la tecnología de la información y comunicaciones (TIC). Y en el caso de Estados Unidos, el 19% tiene una licenciatura vinculada con estas disciplinas. Para conocer más, se recomienda leer este artículo de Nexciencia.

Consultada por el DC, Liana Lew aportó su visión histórica sobre este tema: “claramente en los 60’s había un marcado interés en desarrollar la programación por mujeres, reforzado por nuestras habilidades y técnicas sistemáticas, iniciativa y capacidad de aprendizaje: esto se evidencia en que cuando se creó la carrera Computador Científico, el 75% de estudiantes era mujeres”. ¿Por qué en aquella época y no hoy? “Creo que en aquel entonces había una idea de que ya era una carrera un tanto femenina y los hombres que no concurrían a esa carrera, lo hacían desde la Facultad de Ingeniería o de Ciencias Económicas, donde vislumbraban una carrera más cercana a lo empresario. En cambio, nuestra facultad siempre estuvo más pensada como una facultad de ciencias”, detalló Lew. Y concluyó, “el principal problema actual es que, a nivel de la educación secundaria, no se difunde la importancia de la ciencia y de la tecnología para el desarrollo y el crecimiento y la posibilidad de nuestros jóvenes de formar parte de ese propósito. A su vez, existe una amplia dispersión de carreras informáticas y no se suelen conocer las diversas posibilidades de la computación, sobre todo desde la salida laboral”.

A fin de contar con la opinión de la generación actual de estudiantes y graduadas, el DC consultó al grupo #MujeresDelDC, quienes aportaron una mirada reflexiva sobre esta problemática. “Es cierto que allá por los 60’s y 70’s cuando recién empezaba la carrera de computador cientifico(a) en nuestra facultad, la población predominante era femenina. Sin embargo, la brecha y el techo de cristal siempre estuvieron. Pues pese a ser mayoría, no era frecuente que las mujeres accedieran a cargos de profesoras, directivas o incluso que pudieran concluir sus doctorados”, testimonian.

Actualmente la brecha de género se expresa en la escasa población femenina en las carreras STEM ¿Las razones? Para el grupo son muchas: “estereotipos de género, falta de ‘role models’, falta de estímulo en la educación primaria y secundaria y la peor de todas, el discurso peligroso y amansador que muchas hemos escuchado durante mucho tiempo: ‘las mujeres tienen menos capacidad para las ciencias duras, son mejores en otras cosas’. Esta frase desgarradora que intenta quitarnos nuestros anhelos y esperanzas. Es importante que nos pronunciemos en contra de todas estas razones y rechacemos este discurso. Necesitamos crear una sociedad donde las mujeres seamos libres de explorar y elegir nuestros intereses. Libres de equivocarnos y aprender. Libres para poder ocupar todo esos espacios que se nos fueron negados por tanto tiempo”.

Por último, las #MujeresDelDC comentan de qué modo se sienten representadas por esas mujeres pioneras: “saber que al inicio de la Computación en Argentina el rol de las mujeres fue preponderante inspira a querer imitarlas. Poder vernos reflejadas en mujeres que han ocupado roles antes que nosotras, nos da la confianza. Mujeres en posiciones de poder y de tal influencia, ayudan a que una nueva generación quiera lograr ese mismo nivel de impacto. Sin dudas, observar que fueron mujeres quienes programaron en la primera computadora del país, da espacio a poder aspirar como mujer a cargos altos y con liderazgo”. Cabe recalcar que en sus actividades de difusión, tales como la Semana de la Computación, el grupo apunta a la visibilización de mujeres que han marcado la historia de la Computación. “Casos como el de Rebeca Guber o Cecilia Berdichevsky no fueron casos aislados sino que había muchas mujeres interesadas en el área”, concluyeron en esta fecha de efemérides en Computación.