Agustina Ciraco es Licenciada en Ciencias de la Computación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (UBA). Su vínculo con la facultad ha sido constante, desde sus años como estudiante y docente auxiliar en diversas materias de Algoritmos y Sistemas, hasta su rol actual como Coordinadora de Sistemas en la Unidad de Tecnologías de la Información (UTI-SIS). En esa posición, lidera equipos y gestiona proyectos estratégicos que impactan directamente en la infraestructura tecnológica de la facultad. Adicionalmente a ese puesto, es Tech y Product Lead de Bioloupe, una plataforma para la toma de decisiones estratégicas de biopharma.

En esta entrevista, Agustina recorre su camino desde el descubrimiento de la Computación en Exactas hasta su rol actual en la UTI, donde combina una formación teórica sólida con la práctica en sistemas de alta criticidad. A lo largo de la conversación, destaca los diferenciales de estudiar en Exactas y abre la puerta al “detrás de escena” de una infraestructura que sostiene diariamente a miles de usuarios, ofreciendo una mirada concreta sobre el desafío de construir y mantener plataformas confiables en entornos complejos y en constante evolución.

¿Cómo fue tu experiencia estudiando Computación en Exactas?

No entré directamente a Computación, sino que empecé por Física. A través de un amigo conocí la carrera y rápidamente sentí que era lo mío, así que me cambié.

Desde el inicio la carrera me resultó muy motivadora: encontré una formación que combinaba lo teórico con lo aplicado, algo que no había terminado de encontrar en otras opciones como Ingeniería en Informática. Yo buscaba entender en profundidad cómo funcionan las cosas, no solo usarlas.

¿Qué fue lo que te hizo decidirte definitivamente por Computación en Exactas?

El perfil del graduado fue clave. La carrera te permite hacer investigación, por ejemplo postularte a un doctorado, así como también desarrollarte en diferentes roles de la industria, y eso para mí era fundamental. Quería una formación sólida que me dejara abiertas ambas puertas, investigación e industria.

En Exactas encontré justamente eso: una formación muy completa y sólida, con docentes que son investigadores activos y trabajan en la frontera del conocimiento. Eso hace que los contenidos estén siempre actualizados, pero además se enseñan desde sus fundamentos. Esa base te da mucha flexibilidad después para moverte en el mundo laboral.

De hecho, muchos de los temas que hoy son un boom, nosotros ya los veíamos durante la carrera, pero entendiéndolos desde la raíz.

¿Pudiste aplicar estos conocimientos mientras trabajabas?

Por supuesto. Trabajé durante toda la carrera y pasé por distintos roles: testing, desarrollo, gestión de datos y actualmente temas vinculados a inteligencia artificial.

Esa versatilidad tiene mucho que ver con la formación de Exactas: te da herramientas conceptuales que después podés aplicar en distintos contextos.

Además, incluso entendí áreas como la gestión de proyectos, que estaban cubiertas a través de materias optativas, lo que ayuda a comprender no solamente la parte técnica sino también cómo se organiza el desarrollo de software.

¿Qué materias te interesaron más dentro de la carrera?

Siempre me atrajo mucho Organización del Computador, porque te permite entender en detalle cómo funciona realmente una computadora.

También me sentí muy cómoda con Algoritmos y con materias como Sistemas Operativos, donde se ve la coordinación de procesos y la complejidad detrás de todo lo que usamos. Realmente me “voló la cabeza” toda la complejidad que hay detrás de estos temas y aprender a pensar cómo resolver problemas.

En tu caso, ¿cómo fue el ambiente de cursada?

Fue muy bueno, muy agradable. Se generaron vínculos muy fuertes, tanto académicos como personales. Y a lo largo de la carrera me reencontré con compañeros del CBC o incluso del colegio.

Trabajamos mucho en grupo, compartiendo trabajos prácticos, preparando finales y discutiendo conceptos. Ese intercambio es muy enriquecedor porque permite entender los temas desde distintas perspectivas.

Hoy sigo en contacto con muchos compañeros, incluso trabajando juntos en algunos casos.

¿Y llegar al tema de tesis?

Me llevó un tiempo encontrar el tema. Terminada la cursada, me enfoqué en rendir finales y recién después definí la tesis. La verdad que siempre me interesó aplicar computación a otras disciplinas, y en mi caso trabajé en un cruce con biología. Una vez que encontré el tema, el proceso fluyó, aunque como toda tesis requiere dedicación y constancia.

Si tuvieras que destacar un diferencial de Computación en Exactas, ¿cuál sería?

Principalmente la calidad docente y el enfoque profundo de los contenidos.

Pero también destacaría la cercanía con los docentes. Siempre encontré mucha disponibilidad para discutir temas, pensar ideas de tesis o profundizar conceptos. Creo que hay un acompañamiento real del plantel docente que realmente hace la diferencia.

En cuanto al plano laboral actual, ¿cómo fue tu ingreso a la Unidad de Tecnologías de la Información (UTI) de Exactas y qué te motivó a trabajar allí?

Entré en el contexto de la implementación del sistema SIU-Guaraní en la facultad.

Me interesaba, por un lado, la conveniencia de trabajar en el mismo lugar donde estudiaba, lo que facilitaba la organización de mi día a día. Pero también me motivaba mucho contribuir a la Universidad pública y devolver algo de lo que había recibido.

Además, la UTI trabaja con tecnologías actualizadas y proyectos relevantes, lo que la convierte en un espacio muy interesante para aprender. Puedo afirmar que me apasiona aplicar la excelencia académica de la UBA para resolver desafíos complejos en la intersección de la tecnología y la gestión institucional.

¿Qué podés destacar del trabajo cotidiano en la UTI?

Algo muy valioso es que participamos de todo el ciclo de desarrollo de los sistemas: desde el contacto con los usuarios, la comprensión de sus necesidades, hasta la implementación y el uso final del sistema.

Eso permite ver el impacto concreto del trabajo y entender realmente si lo que desarrollamos resuelve problemas concretos.

A lo largo del tiempo trabajé en distintos sistemas, principalmente en el de inscripciones, que es uno de los núcleos operativos de la facultad.

¿Qué volumen de usuarios manejan y qué sistemas cubren?

Los sistemas de la UTI tienen una escala muy significativa. Solo el sistema de inscripciones tiene alrededor de 40.000 usuarios entre estudiantes, docentes y personal administrativo.

Además, hay otros sistemas clave como el campus virtual (basado en Moodle), que maneja volúmenes similares pero con un desafío adicional: el almacenamiento de contenidos de las materias, que alcanza el orden de terabytes.

A esto se suman múltiples sistemas complementarios: reportes académicos y administrativos, gestión docente, análisis y mejora de cupos, cartelería digital, gestión de concursos y futuros desarrollos para la administración de aulas y laboratorios.

Esto muestra la amplitud de servicios de la UTI, que no se limita a un único sistema sino que sostiene gran parte de la operación digital de la facultad.

En cuanto a la evolución tecnológica que tuvieron en estos últimos años, ¿qué cambios recientes podés comentar?

Uno importante fue la actualización del campus Moodle, donde hicimos un salto de varias versiones, incorporando nuevas funcionalidades y mejorando la experiencia de uso.

También estamos avanzando en la unificación del sistema de autenticación: la idea es que cada usuario tenga un único acceso (idEx) para todos los sistemas de la facultad, simplificando la experiencia. Esto permite identificar unívocamente a cada persona. Con este usuario se otorgarán accesos a distintos sistemas según los roles que cumpla cada persona dentro de la institución. Por ejemplo, en el caso de estudiantes, tener el sistema de inscripciones y el campus todo unificado.

¿Cómo está organizado el equipo de la UTI?

La UTI está organizada en distintas subáreas: Mesa de ayuda (Soporte-INF), Laboratorios, Infraestructura (CCC), Soporte informático y Sistemas (Desarrollo-SIS).

Cada equipo tiene entre 3 y 9 personas, lo que evidencia una estructura relativamente pequeña considerando la criticidad, la demanda y el volumen de servicios que sostienen.

¿De qué modo gestionan estos proyectos tan críticos?

Priorizamos el trabajo cercano con usuarios, combinado con prácticas técnicas rigurosas. Durante el desarrollo generamos validaciones iterativas y liberamos versiones en entornos de prueba para asegurar que lo implementado responda a necesidades reales. Trabajamos con ambientes separados (desarrollo, testing y producción) y controlamos los despliegues de forma progresiva, validando tanto funcionalidad como integridad de datos y escenarios de concurrencia.

Antes de pasar a producción, realizamos validaciones con usuarios clave y pruebas internas, especialmente en sistemas sensibles como inscripciones. Una vez en producción, monitoreamos métricas de desempeño y mantenemos seguimiento activo para detectar anomalías. Además, hay una coordinación permanente con Mesa de Ayuda e Infraestructura para anticipar el volumen de demanda, predefinir respuestas a incidentes conocidos y agilizar la detección, clasificación y resolución de consultas. Sabemos que existen picos de uso muy exigentes —como el inicio de inscripciones o las encuestas docentes— donde la prioridad es asegurar la estabilidad del servicio y reducir al máximo el impacto de cualquier inconveniente, entendiendo también que, en sistemas de esta complejidad, algunos errores pueden ser parte del proceso.

Por último, ¿cuáles son los principales desafíos de tu trabajo?

El principal desafío hoy es la integración de sistemas, especialmente la unificación del login y la gestión de identidades en un ecosistema heterogéneo que combina desarrollos propios con plataformas como Moodle o SIU-Guaraní. Esto requiere construir capas intermedias que resuelvan interoperabilidad, sincronización de usuarios, consistencia de datos y control de accesos sin generar duplicaciones o inconsistencias.

Al mismo tiempo está la exigencia del volumen, con instancias de altísima concurrencia, que obligan a diseñar pensando en escalabilidad, manejo eficiente de recursos y coordinación estrecha con infraestructura. En esos contextos, nuestro foco reside en sostener la disponibilidad y responder rápidamente ante cualquier falla, asumiendo que ciertos desvíos pueden ocurrir y deben ser gestionados con rapidez. Además, avanzamos en un proceso de modernización progresiva de sistemas, donde la articulación entre desarrollo, soporte e infraestructura es clave para anticipar problemas y sostener un servicio confiable.