Ezequiel Glinsky cuenta con más de 30 años de trayectoria en la industria tecnológica y es reconocido como un referente en innovación, transformación digital y liderazgo estratégico. Actualmente se desempeña como CTO y General Manager de Customer Success en Microsoft Latinoamérica, donde impulsa la adopción de inteligencia artificial, ciberseguridad y cloud computing. A lo largo de su carrera ocupó diversos cargos en compañías del sector, incluyendo desarrollo de software, gestión y liderazgo de equipos. Su enfoque siempre estuvo orientado a conectar tecnología, estrategia y talento para generar impacto sostenible.
Es Licenciado en Ciencias de la Computación de Exactas-UBA, Argentina, y posee una Maestría en Ciencias Aplicadas (egresado con honores) por Carleton University, Canadá. Fue docente por más de 25 años en instituciones como UBA, Carleton University, ORT y CAECE, entre otras. Como investigador, publicó más de veinte artículos sobre modelado y simulación de eventos, sistemas distribuidos y sistemas de tiempo real. Comprometido con el ecosistema emprendedor, participa activamente como mentor en Endeavor, acompañando a startups en su crecimiento y escalabilidad. Es inversor y forma parte del board de distintas empresas. Su enfoque combina visión tecnológica, conocimiento empresarial y una profunda vocación por el desarrollo del talento.
En diálogo con Conectados, Ezequiel repasa cómo su formación en Exactas lo marcó como profesional, cuenta de qué manera utiliza la tecnología para innovar y potenciar a emprendedores latinoamericanos, y comparte su mirada actual sobre los agentes de IA, que emergen en un momento de transición en la historia de la tecnología.
¿Cómo fue tu experiencia estudiando en Exactas y qué valorás de la formación que te dio la Facultad?
Tuve una experiencia maravillosa en Exactas-UBA y en el Departamento de Computación. Cuando estaba terminando mi secundaria, a mediados de los 90, tuve un profesor que me recomendó mucho considerar Ciencias de la Computación como carrera. Y tuve la suerte de poder conversar extensamente con el profesor e investigador Daniel Yankelevich, que para mí fue una maravilla de faro, un tipo extraordinario que me terminó de convencer sin buscar convencerme.
Así fue que en el año 96 empecé el CBC y en el 97 empecé la carrera. Siempre trabajé, lo cual fue un lindo complemento. Mi paso por Exactas fue realmente hermoso: por empezar, me hice de un grupo lindísimo de amigos con los que hoy seguimos muy cercanos. Y formamos un equipo de fútbol hermosísimo que se llamaba «Diego es inocente», que jugamos muchos años y salimos campeones el torneo de la Facu.
Desde el punto de vista académico fue sensacional. Siento que recibí una educación de la que me llevé tantísimo. Tuve profesores que recuerdo con muchísimo amor, algunos de los cuales sigo viendo. Para mí es inevitable empezar por Gabriel Wainer, que era de esos profesores exigentes, demandantes, y de los que aprendí como de muy pocos. Sería injusto si nombrara solamente a él. Tuve la suerte de tener a Pablo Jacovkis en Métodos Numéricos, una materia que disfruté y de la que aprendí muchísimo, y luego a Guillermo Martínez, Pablo Sametband, Guillermo Durán, Esteban Feuerstein, Monica Bobrowski, Claudio Righetti, Irene Loiseau, Marcelo Scasso, Patricia Borensztejn y Roberto Bevilacqua. Profesores de los que aprendí muchísimo, muchos de los cuales siempre me maravillaron por la cercanía con la que se manejaban. Sé que hoy las aulas son un poco más grandes, pero en mi época se daba este privilegio de tener materias donde podíamos ser 10, 20 o 40 personas.
En el 97 empecé la carrera y al año tuve mi primer cargo como ayudante de segunda en Orga 1. Me mantuve en la carrera docente por muchos años. Luego también hice investigación en modelado y simulación de eventos discretos en sistemas distribuidos, que fue además mi tema de tesis. Gracias a una beca de UBACYT pude irme tres meses a Canadá a hacer investigación en Carleton University, donde estuve con Gabriel Wainer. Fue una experiencia valiosísima.
Cuando me recibí de licenciado —una tarde hermosa con mi vieja, mi viejo, amigos, mi querido director de tesis Gabriel y un jurado también hermoso— estaba trabajando mucho, y ahí tenía la posibilidad de irme a hacer un doctorado o una maestría. Ya estaba en pareja con la que ahora es mi mujer y la mamá de mis dos hijos, así que no me animé a hacer un doctorado, pero sí a hacer una maestría. Entonces me fui a Canadá a hacer una Maestría en Ciencia Aplicada por dos años y medio.
Hiciste la carrera relativamente rápido para haber estado trabajando al mismo tiempo. El hecho de que hayas estudiado en la ORT, ¿te ayudó para enfrentar los desafíos que plantea la carrera?
Sí, me ayudó. Yo era bastante “nerd” en la primaria y en la secundaria, y en la ORT estudié Informática —Computación se llamaba en ese momento— y llegué con una buena formación de matemática y cierta formación en programación; porque manejaba tres o cuatro lenguajes.
Y me pasó algo que puede ser una linda nota de color: nos agrandamos un poco los que veníamos de la ORT, creíamos que iba a ser fácil. Pero me duró un semestre el agrande. Cuando las cosas se empezaron a poner más empinadas me di cuenta de que la ORT me había dado herramientas espectaculares, pero que yo no sabía estudiar como realmente se necesitaba para la carrera. Fueron como unos buenos sacudones que fuimos recibiendo (porque con varios amigos veníamos de la ORT) y nos dimos cuenta de que las cosas no eran tan sencillas como pintaban al comienzo.
Realmente me recibí en el tiempo que planificaba la carrera, a fuerza de esfuerzo, de sentarme y remarla, y también apoyándome en un grupo lindísimo, porque estudiábamos casi siempre juntos (principalmente los fines de semana) y éramos muchos los que trabajábamos durante la cursada.
Creo que Exactas es una excelente facultad enseñando a pensar un problema, a analizarlo, a descomponerlo, en definitiva, te ayuda a pensar críticamente. Son herramientas valiosísimas que aprendí en un momento muy prematuro de mi formación, un poco en la ORT pero sobre todo en Exactas, que me acompañan hoy, que agradezco y que valoro, y que todavía hoy me siguen permitiendo hacer una importante diferencia.
Yendo a tu experiencia en la industria: trabajaste en desarrollo de software, en diferentes ámbitos, y tu carrera en Microsoft ya va a llegar a las dos décadas. Además, estás muy vinculado con la educación y el emprendedorismo en Latinoamérica. Me gustaría que puedas contar sobre esa visión de la tecnología para generar un impacto a largo plazo.
Mi carrera en la industria empezó por el 96, 97, haciendo juegos educativos para TTI, una empresa del grupo Bridas, con los que los chicos aprendían geografía, gramática o matemática mientras jugaban. Después pasé por Bumeran, también con amigos de la Facu, una empresa dedicada a la búsqueda de trabajo y de profesionales, y luego por Livra, una startup de investigación de mercado donde tuve uno de mis primeros roles de dirección.
En octubre de este año voy a cumplir mis 20 años en Microsoft: empecé en 2006, con 29 años, en un rol que se llamaba ‘Evangelización de nuevas tecnologías’ —le decía en broma a mi jefe que la pifiaron contratando a un Glinsky, con apellido judío, para evangelización—. Empezó siendo Cono Sur y terminó siendo Latinoamérica. Fui creciendo en distintas funciones, más técnicas, de negocios, de innovación y vinculación con emprendedores y academia, hasta roles de liderazgo como el actual. Eso me permitió armar equipos con mucho talento argentino y latinoamericano, parte del cual hoy trabaja en Estados Unidos, Europa y Asia.
Actualmente dirijo un equipo de 200 personas que trabajan en inteligencia artificial, seguridad, nube, desarrollo de tecnología y desarrollo de productos, con las 200 empresas más grandes de Latinoamérica (LATAM Airlines, Mercado Libre, Banco Galicia, Bimbo, Temex, Codelco, Gobierno de México, Falabella, Bancolombia, Grupo Aval, etcétera). Un segmento muy interesante y desafiante, donde vuelvo a lo que decía antes: mucha de la formación que tuve la suerte de vivir en la Facu sigue muy vigente y relevante.

Pero al mismo tiempo, este enfoque gerencial de dirigir equipos y formar gente, trabajando en una corporación multinacional, no es algo tan frecuente para una carrera de Exactas. ¿Cómo lo fuiste gestionando y aprendiendo en tu caso?
Me encantaría decirte que tenía un plan perfecto que seguí al pie de la letra, pero la verdad es que no. Creo que la profesión me fue llevando: los intereses, las ganas, lo que me copaba y me estimulaba. Me di cuenta en un momento de que tenía “buena pasta” para eso y empecé a formarme más alrededor de ese rol.
Mis viejos eran ambos psicoanalistas; siempre hablé muchísimo con ellos y desde su lugar también me aportaron muchísimo, desde lo humano, la comunicación y los valores. Yo siempre digo que no te enseñan a ser jefe, pero muy rápido uno sabe qué quieren de un jefe y qué no. Eso lo hablo mucho con mis equipos cuando me dicen «quiero desarrollar una carrera de gerencia o de liderazgo»: hay cosas básicas que tienen que ver con valores, con respetar al otro, con cuidarnos, con dar el ejemplo, y que a veces no les damos la importancia necesaria.
Contra lo que uno podría pensar, te diría que la Facu me formó en lo más difícil. Creo que pude construir desde ahí, complementando mi formación con mi carrera. Y hoy sigo estudiando, sigo formándome: tengo en mi agenda entre 4 y 8 horas bloqueadas para aprender, y no lo oculto, se lo cuento a mi equipo y los aliento a hacer lo mismo. Normalmente lo hago los viernes, aunque a veces es otro día; intento hacerlo durante el día para que no sea una cosa de 8 a 12 de la noche, pero a veces lo hago después de la oficina, y muchas veces en mi horario de oficina. No me avergüenza, al revés: me enorgullece seguir dedicando tiempo y esfuerzo al aprendizaje.
¿Podrías contar sobre proyectos innovadores en Microsoft Latam, y de los que te sientas orgulloso?
En estos años hubo muchísimos proyectos que me entusiasmaron y me dan mucho orgullo. Están los que hacemos con empresas grandes, que están buenísimos porque tienen alto impacto y los usa un montón de gente. Pero los que más me enorgullecen, en realidad, son los que hicimos con emprendedores y startups, porque potencian talento latinoamericano y talento argentino.
No te voy a nombrar uno en particular, pero sí el tipo de cosas que hicimos: ayudamos a emprendedores tecnológicos a escalar, a vender más y mejor, a llegar a mercados a los que no llegaban, a exportar dentro y fuera de Latinoamérica, a conseguir inversión y clientes. Hay casos maravillosos, algunos de emprendedores latinoamericanos y algunos de emprendedores sociales lindísimos. Hay emprendedores que ayudan a chicos hipoacúsicos con el uso de dispositivos para escuchar mejor —un caso lindísimo—, y un caso hermoso de un chico, ya no tan chico, un veinteañero que se llama Gino Tubaro, que se popularizó haciendo con impresoras 3D brazos ortopédicos para chicas y chicos que no tienen uno de sus brazos. Entregó de forma gratuita miles de esos brazos ortopédicos, y trabajamos con él para amplificar su trabajo. La verdad, ha sido excepcional ese trabajo.
También estuviste escribiendo sobre inteligencia artificial y agentes de IA, un tema clave hoy en día, y sobre tendencias laborales en el contexto de la IA. Allí citabas un índice de Microsoft de tendencias laborales.
Actualmente me interesa muchísimo el tema de inteligencia artificial y agentes, y seguramente esa es una de las notas que leíste. La mirada que tenemos desde Microsoft, y la mirada que tengo yo, es que cada vez vamos a ver más agentes con buenos grados de autonomía, tomando acciones y realizando trabajos que hasta hace poco requerían una o muchísimas personas. Y esto tiene implicancias y desafíos técnicos, éticos, morales y de seguridad. Pero la componente humana es la que debe primar, siempre.
Desde lo técnico, el desafío es cómo los administro, cómo los manejo, cómo los controlo; cómo acoto lo que hacen, cómo me aseguro de que lo que están haciendo es lo que les pedí que hagan, sobre todo cuando la escala impide revisarlos uno por uno. Una cosa es decirle a un agente «conseguime un turno para el dentista, con preferencia en la zona de Almagro», y otra muy distinta es decirle «hacé una investigación sobre petróleo, buscala y avisame cuando encuentres el resultado», sin saber la cantidad ni el tiempo que eso va a demandar.
Las implicancias éticas y morales también son muy claras, y hay muchísima gente trabajando en eso. Y antes hablaba de ciberseguridad: no solo en relación con los agentes o la inteligencia artificial, sino por lo ubicua que es hoy la tecnología. Para mí es un tema súper importante y usualmente subestimado; creo que no tiene la atención que debería.
¿Y cómo ves hoy el tema del empleo con los agentes de IA, se están repensando los roles en la industria?
Creo que estamos en un momento de transición. Como todas las apariciones de tecnologías disruptivas, esta tecnología va a reemplazar y, al mismo tiempo, va a requerir la contratación de muchísima gente. Antes hacías referencia al World Trend Index, el WTI que publica Microsoft todos los años, que me parece un buen ejemplo de lo que se ve en la industria hoy, y de lo que me pasa en mi equipo, incluso en primera persona.
Estamos reemplazando algunas funciones por inteligencia artificial y, al mismo tiempo, contratando más gente para hacer cosas que antes no podíamos hacer con la tecnología y la inteligencia artificial disponibles. Creo que la pregunta constante es cuál va a ser el resultado neto de esa diferencia, y no lo sé; no sé si alguien en el mundo lo sabe hoy.
Siempre pienso que la reflexión, la educación, el progreso y el avance son los que van a traer la respuesta. Hay que sostener la mirada crítica, seguir educándonos y seguir entendiendo qué cosas podemos hacer con la tecnología. Lo que a mí me entusiasma, a la hora de pensar en inteligencia artificial y agentes, es afrontar desafíos que la humanidad aún no ha podido resolver: salud, educación, bienestar, reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida. Me entusiasma desarrollar tecnología para esos desafíos.
Último tema, Ezequiel: las geografías y las culturas latinoamericanas. Sé que viajás mucho y conociste diferentes culturas con realidades muy distintas, y que muchas veces, aunque se hable el mismo idioma, las diferencias son grandes. ¿Cómo trabajás con esas diferencias culturales, tanto de las empresas como de las regiones que visitás, y cómo lográs que el equipo funcione a pesar de ellas?
Viajo muchísimo, a veces entre dos o tres semanas al mes. Me apasiona aprender de culturas y conectar con la gente: leo libros y busco los diarios de los países que visito, le pregunto a la gente local qué está en la agenda, y desde que trabajo en la región leo mucho más a autores latinoamericanos, también me conecté por ahí.
Aunque hablemos el mismo idioma, culturalmente somos muy distintos: la idiosincrasia, qué tan frontales somos, la formación de cada país, cómo se miran unos a otros. Los argentinos tenemos muy presente con qué países tenemos más afinidad, y de a poco uno va entendiendo cómo se llevan entre sí.
Es un privilegio meterme de cerca en culturas tan lindas y aprender tanto. Hay culturas más extrovertidas y otras más introspectivas (son generalizaciones, por supuesto) pero aún a kilómetros de distancia logramos trabajar con sinergia en el mismo equipo.